
Siete de la mañana: diana, aseo y desayuno; ocho: levantamiento de tiendas; nueve: "combate" en población, a lo que le siguen prácticas de tiro, ración de combate, montaje de una alambrada, cena y una marcha de aproximación de cuatro kilómetros hasta medianoche "para bajar la comida".
Éste podría ser el resumen de un día de un soldado español durante una misión, y es a lo que se tienen que someter una vez al mes durante más de 24 horas de instrucción continuada los militares de las distintas bases del país, una experiencia que han podido vivir por primera vez en España una veintena de periodistas de Baleares.
"Empotrados", "incrustados" o "encamados" con la Compañía de Fusiles de la Base General Asensio de Palma de Mallorca, los informadores han realizado, mano a mano con los soldados, varios ejercicios militares con noche incluida y han vivido así en su piel lo que conlleva ser un miembro del Ejército.
Como si de un videojuego de táctica militar se tratara, los "empotrados" se vieron envueltos durante 24 horas en el día a día de un soldado en combate, pero sin balas ni enemigos.
Caminar, montar el campamento y pisar charcos a discreción saca de la rutina a cualquiera. "Este combate simulado es un tipo de instrucción muy importante en cualquier misión de paz o humanitaria", explica el capitán Rubén Latorre antes del ejercicio, precisamente el tipo de misión que lleva a cabo el Ejército español en Bosnia y Afganistán y que en 2008 realizará en Kosovo.

