El Ministerio de Asuntos Exteriores pone a Europa Press en el “ojo del huracán”, y el nuevo dueño de la agencia se “cabrea”

Hace algunos días, las quejas del ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, contra la corresponsal diplomática de Europa Press, Leyre Guijo, provocaron momentos de tensión en la agencia de noticias, ya que según aseguran fuentes internas de la agencia, el jefe de la diplomacia llamó en persona al presidente del medio, Asís Martín de Cabiedes, para quejarse de que la periodista le recordara en plena rueda de prensa junto a su homólogo griego, Georgios Gerapetritis, que era el primer encuentro en ocho meses con los periodistas que le siguen a diario.

 

A raíz de la llamada del ministro, la dirección de la agencia decidió cambiar de puesto a la periodista, e incluso llegó a situar a otra redactora de Internacional para seguir la información de Exteriores, y así se lo comunicó a las afectadas. Esta decisión provocó un profundo malestar entre sus compañeros de redacción, que llegaron a exigir una reunión inmediata con Javier García Vila, director de la agencia, para que explicara el relevo, y quien defendió entonces que un periodista de Europa Press no puede hacer comentarios de ese tipo en una rueda de prensa. 

Los periodistas asistentes a la reunión no estuvieron de acuerdo con ese planteamiento, y afearon la decisión defendiendo que un medio privado no puede plegarse a las presiones de un miembro del Ejecutivo por una pregunta que no le guste, algo que que podría suponer un precedente inadecuado. 

El caso es que, ante la presión de la redacción, García Vila reculó y decidió dar marcha marcha atrás a su decisión. Así las cosas, Guijo continuará cubriendo la información del ministerio, situación que le ha permitido a su director de comunicación, Antonio Asencio, “recolocarse”, enviando una nota a los medios que publicaron esta situación, entre los que se encuentra Espacio Dircom, en la que afirma que “desde Exteriores no se ha pedido ni la retirada ni el cambio de sección de ningún periodista en ningún medio”, para añadir, en plan autobombo, que “las convocatorias de Exteriores son, han sido y serán siempre abiertas y libres para el profesional que quiera acreditarse”.

Así las cosas, podría parecer que la dirección de la agencia no atendió, finalmente, las exigencias del ministro, y Leyre Guijo acudió a la redacción y siguió escribiendo sobre asuntos relacionados con este ministerio y la Casa Real, pero la realidad no parece ser así.

Y es que, a pesar de ese desmentido, desde El Confidencial Digital han confirmado, citando fuentes internas fidedignas, la existencia de esas llamadas y el anuncio del veto a la periodista; que provocó además la indignación de la mayoría de los corresponsales diplomáticos por el incidente y por la política de comunicación del ministerio de Albares, y que la Asociación de la Prensa de Madrid difundiera un comunicado en el que denunciaba los intentos del Ministerio para “tratar de que determinados periodistas sean apartados por sus jefes de la cobertura de las actividades del Ministerio, tras publicar informaciones hacer preguntas que no eran de su gusto”. 

Pero quedando aclarado todo esto, la realidad es que el caso ha vuelto a poner sobre la mesa la independencia de los medios privados, que tiene en Europa Press un caso paradigmático. 

La realidad es que, aunque todos los medios privados se la juegan posicionándose de la manera que lo hizo Gujio, arriesgándose a perder comba en las campañas institucionales gubernamentales, en el caso de Europa Press, lo que se juegan es su propia existencia, pues prescindir de todas las cuentas gubernamentales como podría darse el caso con personajes como Albares en el poder, podría llegar a arruinar las finanzas de la agencia.

Esta situación pone en el disparador a los máximos responsables de este medio de comunicación privado, su presidente Asís Martín de Cabiedes y su director Javier García Vila, quienes en este caso se plegaron a las exigencias gubernamentales, a pesar de que las circunstancias les hicieran “recular” más adelante.

El caso es que esta situación se parece mucho a la del despido hace algún tiempo de Paulino Guerra, un periodista de raza de esta agencia que desarrolló durante más de 30 años casi toda su carrera periodística en la misma, a la que llegó en 1989 especializándose en el área de Política y Nacional, y que ha ocupado distintas responsabilidades hasta ser nombrado director adjunto. 

Las mismas fuentes internas de Europa Press cuentan que el caso es muy similar al actual, sólo que entonces no se produjo un desencuentro tan puntual e identificable, sino un malestar profundo del periodista con una situación de este tipo, que dio con sus huesos en el paro.

Como podría parecer obvio, toda esta movida no ha gustado en absoluto al nuevo dueño de la agencia, el empresario Miguel Arrufat, fundador y máximo accionista de Proeduca, la sociedad dueña de la Universidad Internacional de la Rioja (Unir), que hace algún tiempo compró la mayoría del capital de Europa Press a la familia Martín de Cabiedes.

Arrufat, que articuló esta transacción del 51 % de las acciones de la agencia de noticias a través del Instituto de Investigación y Transferencia de Conocimiento (IITC), explicó entonces que el objetivo de la operación era “impulsar el crecimiento, desarrollo internacional y la estrategia en tecnología de la agencia”, pero a nadie se le escapa que la realidad es que el millonario “se compraba” un medio, para tratar de influir en todo lo que pueda, política nacional incluida, y lo que está pasando estos días en torno a la agencia, sin duda, mengua esa capacidad de influencia.

De esta manera, parece que Arrufat está bastante “cabreado” con la resolución de esta crisis por parte de Asís Martín de Cabiedes, y su director Javier García Vila, que nadie sabe como acabarán… 

Y es que la reputación de Europa Press está cayendo por los suelos por este tipo de casos, justo cuando debería estar sacando pecho por su trascendencia histórica, recién cumplidos 50 años de aquel "Franco ha muerto, Franco ha muerto, Franco ha muerto", del 20 de noviembre de 1975, cuando el teletipista José Luis Blanco apretó el botón, después de que el periodista Marcelino Martín Arrosagaray, redactor del flash le espetara: "¡Dalo ya, es orden del director!". A partir de ese instante la noticia fue difundida en todo el mundo por las agencias internacionales, que citaban como fuente informativa a Europa Press.

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