
Estos días se celebran en Moscú el 59º Congreso Mundial de Periódicos y el 13º Foro Mundial de Redactores Jefe, en cuyo seno se debaten numerosos asuntos relacionados con la prensa escrita, entre los que ha destacado la polémica abierta sobre la publicación de las caricaturas de Mahoma, que desencadenó protestas en el mundo islámico.
Los editores de medios europeos han defendido en la reunión el principio de la libertad de expresión y el rechazo a la auto-censura; mientras sus colegas de países musulmanes han pedido un "periodismo responsable" que no hiera los sentimientos y no restrinja la libertad ajena.
Joern Mikkelsen, redactor jefe del diario danés "Jyllands", que desató el escándalo en septiembre pasado al publicar las viñetas, reproducidas después en otros países, ha intentado formular los motivos de aquella edición y las lecciones sacadas de lo ocurrido. "Nuestra intención no era ofender a los musulmanes, insultar al profeta ni provocar un choque de civilizaciones, sino poner a prueba las tendencias de auto-censura y los límites de la libertad de expresión en la sociedad", ha explicado.
Mikkelsen ha admitido que su diario ha "cruzado el límite", al herir los sentimientos de los musulmanes y al no saber ver las consecuencias, y ha asegurado que "aprendieron la lección" y en adelante serán "más cautelosos".
Sin embargo, ha afirmado que "también las religiones deben poder ser sometidas a debate y criticadas".
"No sé si volveríamos a publicar esas viñetas", ha señalado Mikkelsen al recordar a las víctimas de desordenes registrados en países islámicos, los ataques a embajadas y las amenazas que recibieron los dibujantes, un saldo que "ningún redactor responsable asumiría".
El francés Eric Le Boucher, redactor de "Le Monde", ha subrayado por su parte que su diario reprodujo algunas caricaturas y publicó otras propias para "demostrar que la libertad de prensa debe prevalecer".
Le Boucher ha criticado la "politización del escándalo" y ha señalado que éste tuvo como contexto "una radicalización general en el mundo, el auge terrorista, la creciente inmigración, en particular musulmana, y el consiguiente aumento de la islamofobia en Europa".
Le ha contestado el pakistaní Imtiaz Alam, secretario general de la Asociación de Medios Libres de Asia del Sur, quien ha constatado que "al ejercer su propia libertad de expresión los diarios que publicaron las caricaturas de Mahoma acabaron restringiendo esa libertad para aquellos países que la necesitan más que Europa". "A lo largo de 30 años he luchado por la libertad de prensa en Pakistán, en particular con el apoyo de Occidente, y este escándalo me ha dejado en una situación difícil", ha señalado Alam.
Khaled Al-Balschy, subdirector del periódico egipcio "Al-Dustour", ha señalado por su parte que en su país el Gobierno aprovechó el "tan oportuno" escándalo de las caricaturas para "distraer la atención de la opinión pública de los numerosos problemas internos y encauzar el descontento popular contra Occidente".